| 27/11/2006 17:39 | Tema: Álbum |Comentario sobre el álbum "El tren de los momentos" de Alejandro Sanz.
En algún tonto momento creí que este artista traspasaría la barrera del mamonismo, esa que te hace componer sólo baladas románticas lloronas y bien chulas (en Chile: “algo de mal gusto”, "ordinario" o “vulgar”; sinónimo: “picante, cebolla”). Pero me equivoqué. ALEJANDRO SANZ no se atrevió a cruzar la vereda como sí lo hiciera en su momento, por ejemplo, Miguel Bosé, quien entendió que su capacidad iba más allá de seguirle el juego a la industria e hizo que ésta se adaptara a él, modificando su estilo, incluso, impostando su voz de manera diferente, como queriendo alejarse de la imagen de mero producto. Se trata de la actitud de un grande, de un monstruo, que igual le entrega millones de euros a su casa discográfica. Es que hizo que los habitantes de las dos veredas le diéramos permiso para transitar de un lado a otro, porque demostró que su evolución, su intención constante de reinventarse, es una actitud valiente, es decir, la de un artista del arte, y no la de un artista del mercado.
Después de escuchar “No es lo mismo”, creí que Sanz estaba en esa misma línea. Que de las insoportables baladas de su primera
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